La Casa de Bernarda Alba es una obra del
subgénero dramático, organizada en 3 actos, escrita por el autor español
Federico García Lorca (1898-1936). Lorca nació y creció en el municipio de
Fuente Vaqueros, en la región de Granada (España). A los once años su familia
se traslado a la ciudad de Granada (Comunidad autónoma de Andalucía, España),
donde estudió en la Universidad de Granada con la intención de estudiar
Filosofía y Derecho. En el tiempo en el que Lorca estuvo estudiando, el publicó
su primer libro: "Impresiones y Paisajes" publicado en 1914. Desde
ese entonces, García Lorca publico muchas obras, poesías, y hasta se incorporo
en el área de la filmografía, y esto duro hasta su ejecución por los poderes
franquistas totalitarias que se encontraban en conflicto en la Guerra Civil
Española que ocurría en el momento. Lorca perteneció a la generación del 27;
fue por tanto compañero y amigo de otros importantes poetas como Alberti,
Guillén o Salinas. La generación literaria de 1927, que fue
una generación de escritores y artistas que comenzó a surgir
alrededor de 1925 y que se destacan por su importancia cultural y también
por sus rasgos temáticos similares. En
esta generación literaria se destacan 10 escritores y artistas
diferentes: Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso,
Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, García Lorca, Rafael Alberti, Manuel
Altolaguirre y Emilio Prados. Unos de los logros mas destacables de
esta generación de escritores es su renovación de la poesía española
vía aunando la tradición de la poesía española y aplicándole los
fundamentos contemporáneos. Las ramas de la poesía que influenciaron
a estos autores fueron: la poesía neo popular (influenciada por la popular
pero con principios contemporáneos), poesía pura, la vanguardia
(renovación del lenguaje poético), y la influencia clásica (autores
como Góngora y Bécquer).
En su producción literaria destacan obras
tanto dramáticas como poéticas (como puede ser visto en La Casa de Bernarda
Alba el cual incluye poesía en el ultimo acto). La Casa de Bernarda trata sobre
Bernarda y sus 5 hijas (Adela, Martirio, Angustias, Margarita, Amelia) viviendo
en una casa insoladas del mundo. Tras la muerte de su segundo esposo,
Bernarda Alba se recluye e impone un luto continuo por ocho años, prohibiendo a
sus cinco hijas a que salgan a la calle. Cuando Angustias, la hija mayor y la
única hija del primer marido, hereda una fortuna (del padre recientemente
fallecido), atrae a un joven, Pepe el Romano. El joven se compromete con Angustias,
pero simultáneamente enamora a Adela, la hermana menor, quien está dispuesta a
ser su amante. Durante un encuentro clandestino de los amantes, María Josefa,
la madre de Bernarda que mantienen encerrada por su locura, sale con una
ovejita en los brazos y canta una canción absurda pero llena de verdades.
Cuando Bernarda se entera de la relación entre Adela y Pepe, estalla una fuerte
discusión y Bernarda le dispara a Pepe, pero éste se escapa. Tras escuchar el disparo, Adela cree que su
amante se haya muerto y se ahorca. Al final de la obra, Bernarda dice que Adela
se murió virgen para guardar apariencias, y exige silencio, como en el comienzo
de la obra.
El trozo que se analiza en este comentario
se ubica en el tercer acto, justo antes de el desenlace de la obra,
y se encuentra entremedio de las escenas 6 y 8.
El tema que se ve en esta obra es el de
"La aceptación del conflicto por parte de Bernarda" y los subtemas
por apartados que le aplican a este son: "Ignorancia ante el
conflicto" (líneas 1-13), "La imagen de hombre en el conflicto"
(líneas 14-37), y la "introducción de desenlace al conflicto" (líneas
38-54).
La Casa de Bernarda Alba esta estructurada
por tres apartados generales diferentes, los que simbolizan a las tres
diferentes estructura de narración usadas en la obra: planteamiento (primer
acto), desarrollo (segundo acto), y la conclusión o desenlace (tercer acto).
El primer apartado (1-13) cuenta como tema
"la ignorancia ante el conflicto", la ignorancia a este conflicto es
propuesta por Bernarda ante el hecho de que su hija menor, Adela, esté
sosteniendo relaciones sexuales con Pepe el Romano, el futuro marido de
Angustias. Por lo tanto para esta parte de la obra Adela ya era la amante de
Pepe el Romano.
Las líneas 1 y 2 le corresponden a
Bernarda, quien comienza aceptando el conflicto diciendo que iba a descansar
esa misma noche. Como se entiende en la obra Bernarda como madre es la última
en irse a dormir y la primera en levantarse por las mañanas, o al menos eso es
lo que ella quería representar. Esta vez Bernarda se va dormir sabiendo lo que
estaba ocurriendo en ese momento, lo que denota el tema principal del extracto
y marca el tema propuesto para el primer apartado. En el siguiente par de
líneas (3 y 4). Bernarda declina la pregunta de la Poncia afirmando que la
presente noche ella iba a "dormir bien" (línea 4), lo que nos lleva a
deducir según contexto que todo esto a Bernarda la tenía preocupada y que no la
dejaba dormir bien por las noches y que ya no tenía intención de seguir
haciéndolo. Entre las líneas 4 y 5 hay un cambio de escena en la cual quedan la
Poncia y la Criada. La Poncia en las líneas 5 y 6 se expresa a
medida de metáforas para referirse a que cuando uno no puede con el conflicto,
lo mas fácil es hacer nada al respecto o "volver las espaldas" como
exclama la Poncia. A su vez, la Poncia también hace referencia al mar; el agua,
elemento liberador en la obra. La Criada en las líneas 7 y 8 igualmente
responde con otra metáfora para decir lo mismo que la Poncia, pero con una
metáfora diferente, la cual nos cuenta que Bernarda tiene el conflicto en
frente de sus narices pero que no lo quiere ver y para no hacerlo "se pone
una venda en los ojos". La Criada también habla sobre el orgullo lo cual
es algo que a Bernarda le sobra con su personalidad superiora al resto, de una
familia honorífica y de mucho dinero. El siguiente diálogo, que corresponde a
la Poncia, afirma que no pudo hacer nada y que ella "intentaba atajar las
cosas" (líneas 9 y 10) metafóricamente, pero, esto no lo iba a seguir
haciendo porque siente miedo a el conflicto. En este caso, también se
puede ver una aceptación al conflicto por parte de la Poncia, quién a pesar de
no estar estrictamente relacionada con el conflicto, igualmente juega un papel
decisivo en el desenlace de la historia. El siguiente trío de líneas (11, 12,
13), también correspondiente al diálogo de la Poncia, representa el conflicto
metafóricamente comparándolo con un silencio en la casa el cual esta siendo
amenazado por múltiples tormentas en cada cuarto de la misma casa y que cuando
estas tormentas se juntaran y estallaran, acabarían con nada bueno,
posiblemente con una larga discusión y una separación por parte de las hermanas
y la madre, la Poncia y la Criada junto con los otros empleados de Bernarda
igualmente se verían afectados por esto.
El segundo apartado comprende las líneas 14
a 37. Este apartado tiene como tema "la imagen del hombre en el
conflicto". El hombre a lo largo de toda la obra es crucial y decisivo, a
pesar de que no dialoga con los personajes en escena, pero es mencionado
múltiples veces, y en este caso representa el eje del conflicto.
En las estrofas primerizas de este apartado
(14, 15 y 16), nos encontramos con la Criada refiriéndose al hombre como
enemigo de Bernarda. El deseo de las mujeres solas en la casa por un hombre
sobrepasa la obediencia y respeto que ejerce Bernarda a sus hijas. A lo largo
de la obra el deseo de pasión hacia el sexo opuesto es representado por el
deseo de tomar agua o a sentir sed, como se verá mas adelante. En las líneas 17
y 18 la Poncia defiende a Pepe el Romano como actor en el conflicto
justificándolo, dándole toda la culpa a Adela, quién provocaba a
Pepe. En las líneas 19 y 20, continuando el diálogo de Bernarda, esta justifica
a Pepe por el solo hecho de ser hombre, mostrando este último argumento que da,
como más importante y decisivo a la vez, que el hecho de que Adela halla
provocado a Pepe. Luego de esto, el diálogo entre la Poncia y la Criada toma un
sentido mas chismoso. En las líneas 21, 22 y 23 ambas comentan acerca de lo
poco que saben sobre los encuentros amorosos entre Adela y Pepe. Nunca se habla
concretamente de las relaciones sexuales que ambos sostenían, pero como la
conversación se torna chismosa, esto se expresa a través de indirectas o con
dobles sentidos: "(En voz baja) Y otras cosas". En las líneas 24 y 25
la Poncia desea abolir el conflicto cruzando "el mar" del que se
hablaba anteriormente refiriéndose a Bernarda dándole las espaldas a este mar
aceptando el conflicto y no pudiendo con él. En cambio la Poncia desea escapar
por ese mismo mar e irse de la casa. Subsiguientemente, en las líneas 28 y 29,
la Poncia describe como el conflicto ha madurado, o sea, ya ha evolucionado de
una forma en que no tiene reverso. Esto significa que ahora Adela esta decidida
a hacer todo lo posible para lograr su objetivo (quedarse con Pepe el Romano) y
que las otras la vigilan a todo momento (con sentimientos de celos). A
continuación, en las líneas 30 a 33, la Poncia y la Criada platican sobre
Martirio, la que describen como un "pozo de veneno", refiriéndose a
Martirio como alguien que le hace daño al prójimo, y que a causa de los celos
de no poder obtener a Pepe el Romano, se desquita con las demás. Cabe destacar
que el Romano nunca elegiría conscientemente a Martirio por sobre Angustias
(quien poseía el dinero) y Adela (quien poseía belleza y juventud). En el
siguiente cuarteto de líneas (34 a 37), la Poncia describe a las hermanas como
"mujeres sin hombres", justificando su actuar a la falta de pasión y
matrimonio por sobre la familia.
El tercer y último apartado que conlleva
las líneas 38 a 54, lleva como tema "la introducción al desenlace del
conflicto". Esto se refiere a que esta es la parte del conflicto, el hecho
en general de el romance de Adela con Pepe el Romano el cual lleva como
desenlace el trágico final de la historia.
El apartado comienza con la entrada de
Adela en escena.
En la línea 38, la Poncia astutamente se
percata de el ladrido de los perros por el portón, para luego la Criada
unírsele en su respectivo diálogo. El ladrido de los perros es debido a Pepe el
Romano, quien sin dialogar ni ser mencionado se entiende que era él, quién
estaba junto con Adela aquella misma noche. Al rato después entra Adela en
escena en la línea 41. la Poncia pregunta sabiendo la situación de Adela y
donde ella estaba, incluso con quién estaba, "¿no te habías
acostado?" sarcásticamente, sin esperar la respuesta verdadera de Adela,
mas bien con motivo de saber cual sería la evasión a esta pregunta que
efectuaría Adela. Esta responde en la línea 44 que quería beber agua.
Nuevamente el agua como elemento se ve involucrado. Ésta vez no es el mar, que
como se dijo representa el conflicto, sino que es agua que se bebe, es decir
que representa el deseo de pasión por el sexo opuesto, ya concretamente por
Pepe. Pero esta vez Adela, como mas atrás en la obra se expresa, tiene sed,
pero es capaz de saciarla con el vaso de agua que disponía en la mesa, no como
en otra ocasión que sintió sed pero no fue capaz de saciarla en aquel momento.
En la línea 46 se vuelve a hacer presente la sed, la cual "despierta"
a Adela obligándola a saciar su sed por Pepe el Romano, el elemento vital de
Adela, gracias a el ella vive y la desaparición de este elemento vital no
podría ser soportada por Adela quién decide acabar con su vida pensando que el
Romano había muerto. En la siguiente escena, con el abandono de Adela, quedan
la Poncia y la Criada nuevamente, solas, chismeando como antes de el pequeño
paréntesis con la entrada de Adela, quejándose de como los problemas ajenos a
ellas repercuten igualmente en ellas. En las líneas 50 y 51 la Poncia afirma
que se merece un descanso, Bernarda no tiene como desahogarse de todos los
problemas que ella cree que tiene o que ella misma crea, que decide hacerlo en
sus empleados, Bernarda para este punto cronológico en la obra ya se
encontraba durmiendo, haciendo como si no supiera lo que estaba ocurriendo
porque no se quería enterar directamente, sino que lo hacía indirectamente con
la ayuda de la Poncia, quién ya estaba harta de espiar a las vecinas para luego
compartir los chismes con Bernarda, ahora debía hacerlo en la misma casa.
A modo de
conclusión, debemos destacar el nivel de liderazgo que poseía Bernarda en la
casa al principio de la obra y al final. Al principio de esta, ella era
respetada y se hacía todo lo que ordenaba. Todo comienza con Adela poniéndose
un vestido verde, color representante de libertad y alegría, siendo tomado por
Bernarda como un acto revolucionario de lo cual mas adelante estaría en lo
correcto. Para el tiempo cronológico de la obra en la cual fue realizado el
comentario, Bernarda ya había aceptado el conflicto, es decir, la revelación
por parte de las hijas, especialmente de Adela. A medida que se acerca el
desenlace de la historia, Bernarda ya no posee el mismo respeto de sus hijas
hacia si persona, ya que no supo mantener este respeto, que en algún momento lo
tenía que perder. El enemigo de Bernarda, el hombre, había triunfado en Adela.
Al final de la obra en la última escena y acto de esta, Bernarda clama por
silencio, tal cual lo hace al principio de la obra, pero esta vez las hijas no
se callan y continúan hablando hasta después de que Bernarda haya exigido
silencio múltiples veces. Bernarda ya había perdido su poder en la casa casi
del todo, desde ahora queda a la imaginación del lector lo que ocurre después
de aquella escena, posiblemente Bernarda habría seguro perdiendo este poder
hasta quedar totalmente sola ella y su fortuna. El extracto comentado refleja
uno de los muchos arrebatos de Adela con su plan revolucionario, pero sin duda
corresponde a el mas claro y decisivo de todos para Bernarda, para Adela misma
y sus hermanas.
Bibliografía:
Consultado en línea el 29 de abril, 2015: "es.wikipedia.org/wiki/Federico_García_Lorca"
Consultado en línea el 29 de abril, 2015: "federicogarcialorca.net/"
Luca, Juan Ignacio (1998). La Casa de Bernarda Alba
Madrid: Ediciones Cátedra S.A., 1998
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