jueves, 23 de abril de 2015

La Casa de Bernarda Alba, comentario

La Casa de Bernarda Alba es una obra del subgénero dramático, organizada en 3 actos, escrita por el autor español Federico García Lorca (1898-1936). Lorca nació y creció en el municipio de Fuente Vaqueros, en la región de Granada (España). A los once años su familia se traslado a la ciudad de Granada (Comunidad autónoma de Andalucía, España), donde estudió en la Universidad de Granada con la intención de estudiar Filosofía y Derecho. En el tiempo en el que Lorca estuvo estudiando, el publicó su primer libro: "Impresiones y Paisajes" publicado en 1914. Desde ese entonces, García Lorca publico muchas obras, poesías, y hasta se incorporo en el área de la filmografía, y esto duro hasta su ejecución por los poderes franquistas totalitarias que se encontraban en conflicto en la Guerra Civil Española que ocurría en el momento. Lorca perteneció a la generación del 27; fue por tanto compañero y amigo de otros importantes poetas como Alberti, Guillén o Salinas. La generación literaria de 1927, que fue una generación de escritores y artistas que comenzó a surgir alrededor de 1925 y que se destacan por su importancia cultural y también por sus rasgos temáticos similares. En esta generación literaria se destacan 10 escritores y artistas diferentes: Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, García Lorca, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados. Unos de los logros mas destacables de esta generación de escritores es su renovación de la poesía española vía aunando la tradición de la poesía española y aplicándole los fundamentos contemporáneos. Las ramas de la poesía que influenciaron a estos autores fueron: la poesía neo popular (influenciada por la popular pero con principios contemporáneos), poesía pura, la vanguardia (renovación del lenguaje poético), y la influencia clásica (autores como Góngora y Bécquer).
En su producción literaria destacan obras tanto dramáticas como poéticas (como puede ser visto en La Casa de Bernarda Alba el cual incluye poesía en el ultimo acto). La Casa de Bernarda trata sobre Bernarda y sus 5 hijas (Adela, Martirio, Angustias, Margarita, Amelia) viviendo en una casa insoladas del mundo. Tras la muerte de su segundo esposo, Bernarda Alba se recluye e impone un luto continuo por ocho años, prohibiendo a sus cinco hijas a que salgan a la calle. Cuando Angustias, la hija mayor y la única hija del primer marido, hereda una fortuna (del padre recientemente fallecido), atrae a un joven, Pepe el Romano. El joven se compromete con Angustias, pero simultáneamente enamora a Adela, la hermana menor, quien está dispuesta a ser su amante. Durante un encuentro clandestino de los amantes, María Josefa, la madre de Bernarda que mantienen encerrada por su locura, sale con una ovejita en los brazos y canta una canción absurda pero llena de verdades. Cuando Bernarda se entera de la relación entre Adela y Pepe, estalla una fuerte discusión y Bernarda le dispara a Pepe, pero éste se escapa. Tras escuchar el disparo, Adela cree que su amante se haya muerto y se ahorca. Al final de la obra, Bernarda dice que Adela se murió virgen para guardar apariencias, y exige silencio, como en el comienzo de la obra.


El trozo que se analiza en este comentario se ubica en el tercer acto,  justo antes de el desenlace de la obra, y se encuentra entremedio de las escenas 6 y 8.

El tema que se ve en esta obra es el de "La aceptación del conflicto por parte de Bernarda" y los subtemas por apartados que le aplican a este son: "Ignorancia ante el conflicto" (líneas 1-13), "La imagen de hombre en el conflicto" (líneas 14-37), y la "introducción de desenlace al conflicto" (líneas 38-54).

La Casa de Bernarda Alba esta estructurada por tres apartados generales diferentes, los que simbolizan a las tres diferentes estructura de narración usadas en la obra: planteamiento (primer acto), desarrollo (segundo acto), y la conclusión o desenlace (tercer acto).

El primer apartado (1-13) cuenta como tema "la ignorancia ante el conflicto", la ignorancia a este conflicto es propuesta por Bernarda ante el hecho de que su hija menor, Adela, esté sosteniendo relaciones sexuales con Pepe el Romano, el futuro marido de Angustias. Por lo tanto para esta parte de la obra Adela ya era la amante de Pepe el Romano.

Las líneas 1 y 2 le corresponden a Bernarda, quien comienza aceptando el conflicto diciendo que iba a descansar esa misma noche. Como se entiende en la obra Bernarda como madre es la última en irse a dormir y la primera en levantarse por las mañanas, o al menos eso es lo que ella quería representar. Esta vez Bernarda se va dormir sabiendo lo que estaba ocurriendo en ese momento, lo que denota el tema principal del extracto y marca el tema propuesto para el primer apartado. En el siguiente par de líneas (3 y 4). Bernarda declina la pregunta de la Poncia afirmando que la presente noche ella iba a "dormir bien" (línea 4), lo que nos lleva a deducir según contexto que todo esto a Bernarda la tenía preocupada y que no la dejaba dormir bien por las noches y que ya no tenía intención de seguir haciéndolo. Entre las líneas 4 y 5 hay un cambio de escena en la cual quedan la Poncia y la Criada.  La Poncia en las líneas 5 y 6 se expresa a medida de metáforas para referirse a que cuando uno no puede con el conflicto, lo mas fácil es hacer nada al respecto o "volver las espaldas" como exclama la Poncia. A su vez, la Poncia también hace referencia al mar; el agua, elemento liberador en la obra. La Criada en las líneas 7 y 8 igualmente responde con otra metáfora para decir lo mismo que la Poncia, pero con una metáfora diferente, la cual nos cuenta que Bernarda tiene el conflicto en frente de sus narices pero que no lo quiere ver y para no hacerlo "se pone una venda en los ojos". La Criada también habla sobre el orgullo lo cual es algo que a Bernarda le sobra con su personalidad superiora al resto, de una familia honorífica y de mucho dinero. El siguiente diálogo, que corresponde a la Poncia, afirma que no pudo hacer nada y que ella "intentaba atajar las cosas" (líneas 9 y 10) metafóricamente, pero, esto no lo iba a seguir haciendo porque siente miedo a  el conflicto. En este caso, también se puede ver una aceptación al conflicto por parte de la Poncia, quién a pesar de no estar estrictamente relacionada con el conflicto, igualmente juega un papel decisivo en el desenlace de la historia. El siguiente trío de líneas (11, 12, 13), también correspondiente al diálogo de la Poncia, representa el conflicto metafóricamente comparándolo con un silencio en la casa el cual esta siendo amenazado por múltiples tormentas en cada cuarto de la misma casa y que cuando estas tormentas se juntaran y estallaran, acabarían con nada bueno, posiblemente con una larga discusión y una separación por parte de las hermanas y la madre, la Poncia y la Criada junto con los otros empleados de Bernarda igualmente se verían afectados por esto.

El segundo apartado comprende las líneas 14 a 37. Este apartado tiene como tema "la imagen del hombre en el conflicto". El hombre a lo largo de toda la obra es crucial y decisivo, a pesar de que no dialoga con los personajes en escena, pero es mencionado múltiples veces, y en este caso representa el eje del conflicto.

En las estrofas primerizas de este apartado (14, 15 y 16), nos encontramos con la Criada refiriéndose al hombre como enemigo de Bernarda. El deseo de las mujeres solas en la casa por un hombre sobrepasa la obediencia y respeto que ejerce Bernarda a sus hijas. A lo largo de la obra el deseo de pasión hacia el sexo opuesto es representado por el deseo de tomar agua o a sentir sed, como se verá mas adelante. En las líneas 17 y 18 la Poncia defiende a Pepe el Romano como actor en el conflicto justificándolo, dándole toda la culpa a Adela, quién  provocaba  a Pepe. En las líneas 19 y 20, continuando el diálogo de Bernarda, esta justifica a Pepe por el solo hecho de ser hombre, mostrando este último argumento que da, como más importante y decisivo a la vez, que el hecho de que Adela halla provocado a Pepe. Luego de esto, el diálogo entre la Poncia y la Criada toma un sentido mas chismoso. En las líneas 21, 22 y 23 ambas comentan acerca de lo poco que saben sobre los encuentros amorosos entre Adela y Pepe. Nunca se habla concretamente de las relaciones sexuales que ambos sostenían, pero como la conversación se torna chismosa, esto se expresa a través de indirectas o con dobles sentidos: "(En voz baja) Y otras cosas". En las líneas 24 y 25 la Poncia desea abolir el conflicto cruzando "el mar" del que se hablaba anteriormente refiriéndose a Bernarda dándole las espaldas a este mar aceptando el conflicto y no pudiendo con él. En cambio la Poncia desea escapar por ese mismo mar e irse de la casa. Subsiguientemente, en las líneas 28 y 29, la Poncia describe como el conflicto ha madurado, o sea, ya ha evolucionado de una forma en que no tiene reverso. Esto significa que ahora Adela esta decidida a hacer todo lo posible para lograr su objetivo (quedarse con Pepe el Romano) y que las otras la vigilan a todo momento (con sentimientos de celos). A continuación, en las líneas 30 a 33, la Poncia y la Criada platican sobre Martirio, la que describen como un "pozo de veneno", refiriéndose a Martirio como alguien que le hace daño al prójimo, y que a causa de los celos de no poder obtener a Pepe el Romano, se desquita con las demás. Cabe destacar que el Romano nunca elegiría conscientemente a Martirio por sobre Angustias (quien poseía el dinero) y Adela (quien poseía belleza y juventud). En el siguiente cuarteto de líneas (34 a 37), la Poncia describe a las hermanas como "mujeres sin hombres", justificando su actuar a la falta de pasión y matrimonio por sobre la familia.

El tercer y último apartado que conlleva las líneas 38 a 54, lleva como tema "la introducción al desenlace del conflicto". Esto se refiere a que esta es la parte del conflicto, el hecho en general de el romance de Adela con Pepe el Romano el cual lleva como desenlace el trágico final de la historia.
El apartado comienza con la entrada de Adela en escena.


En la línea 38, la Poncia astutamente se percata de el ladrido de los perros por el portón, para luego la Criada unírsele en su respectivo diálogo. El ladrido de los perros es debido a Pepe el Romano, quien sin dialogar ni ser mencionado se entiende que era él, quién estaba junto con Adela aquella misma noche. Al rato después entra Adela en escena en la línea 41. la Poncia pregunta sabiendo la situación de Adela y donde ella estaba, incluso con quién estaba, "¿no te habías acostado?" sarcásticamente, sin esperar la respuesta verdadera de Adela, mas bien con motivo de saber cual sería la evasión a esta pregunta que efectuaría Adela. Esta responde en la línea 44 que quería beber agua. Nuevamente el agua como elemento se ve involucrado. Ésta vez no es el mar, que como se dijo representa el conflicto, sino que es agua que se bebe, es decir que representa el deseo de pasión por el sexo opuesto, ya concretamente por Pepe. Pero esta vez Adela, como mas atrás en la obra se expresa, tiene sed, pero es capaz de saciarla con el vaso de agua que disponía en la mesa, no como en otra ocasión que sintió sed pero no fue capaz de saciarla en aquel momento. En la línea 46 se vuelve a hacer presente la sed, la cual "despierta" a Adela obligándola a saciar su sed por Pepe el Romano, el elemento vital de Adela, gracias a el ella vive y la desaparición de este elemento vital no podría ser soportada por Adela quién decide acabar con su vida pensando que el Romano había muerto. En la siguiente escena, con el abandono de Adela, quedan la Poncia y la Criada nuevamente, solas, chismeando como antes de el pequeño paréntesis con la entrada de Adela, quejándose de como los problemas ajenos a ellas repercuten igualmente en ellas. En las líneas 50 y 51 la Poncia afirma que se merece un descanso, Bernarda no tiene como desahogarse de todos los problemas que ella cree que tiene o que ella misma crea, que decide hacerlo en sus empleados, Bernarda para este punto cronológico en la obra  ya se encontraba durmiendo, haciendo como si no supiera lo que estaba ocurriendo porque no se quería enterar directamente, sino que lo hacía indirectamente con la ayuda de la Poncia, quién ya estaba harta de espiar a las vecinas para luego compartir los chismes con Bernarda, ahora debía hacerlo en la misma casa.

A modo de conclusión, debemos destacar el nivel de liderazgo que poseía Bernarda en la casa al principio de la obra y al final. Al principio de esta, ella era respetada y se hacía todo lo que ordenaba. Todo comienza con Adela poniéndose un vestido verde, color representante de libertad y alegría, siendo tomado por Bernarda como un acto revolucionario de lo cual mas adelante estaría en lo correcto. Para el tiempo cronológico de la obra en la cual fue realizado el comentario, Bernarda ya había aceptado el conflicto, es decir, la revelación por parte de las hijas, especialmente de Adela. A medida que se acerca el desenlace de la historia, Bernarda ya no posee el mismo respeto de sus hijas hacia si persona, ya que no supo mantener este respeto, que en algún momento lo tenía que perder. El enemigo de Bernarda, el hombre, había triunfado en Adela. Al final de la obra en la última escena y acto de esta, Bernarda clama por silencio, tal cual lo hace al principio de la obra, pero esta vez las hijas no se callan y continúan hablando hasta después de que Bernarda haya exigido silencio múltiples veces. Bernarda ya había perdido su poder en la casa casi del todo, desde ahora queda a la imaginación del lector lo que ocurre después de aquella escena, posiblemente Bernarda habría seguro perdiendo este poder hasta quedar totalmente sola ella y su fortuna. El extracto comentado refleja uno de los muchos arrebatos de Adela con su plan revolucionario, pero sin duda corresponde a el mas claro y decisivo de todos para Bernarda, para Adela misma y sus hermanas.



Bibliografía:
Consultado en línea el 29 de abril, 2015: "es.wikipedia.org/wiki/Federico_García_Lorca"
Consultado en línea el 29 de abril, 2015: "federicogarcialorca.net/"

Luca, Juan Ignacio (1998). La Casa de Bernarda Alba
Madrid: Ediciones Cátedra S.A., 1998